domingo, 21 de noviembre de 2010

grandes analistas de la provincia

| Por Mauricio Maronna / La Capital

El desierto opositor

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ni siquiera tuvo que poner en práctica la máxima que reza: “Divide y reinarás”.

A un año casi exacto de las elecciones presidenciales, el intríngulis opositor es el mejor jefe de campaña del kirchnerismo. Ausencia de proyectos alternativos, egos y vanidades en pleno subidón, además de una notoria impericia para imponerse como contrapoder, demarcan la realidad de quienes fueron votados mayoritariamente hace poco más de un año para que ocupen el centro de la escena y hoy parecen, apenas, partícipes de diferentes bandas en fuga.
   La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ni siquiera tuvo que poner en práctica la máxima que reza: “Divide y reinarás”. Los diferentes estamentos opositores se dividieron solos. El Peronismo Federal es más una construcción dialéctica, una referencia útil para los títulos de los diarios, que un bloque de poder alternativo.
   La nueva salida de pista de Carlos Reutemann les sacó a los disidentes el único paraguas que los ponía a resguardo módico del temporal. Ahora el espacio hace agua por todos lados. No se trata de falta de voluntad, que sí tienen Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Mario Das Neves, Ramón Puerta y otros contertulios del PJ anti K, sino de ausencia de votos.
   Como se dijo tantas veces contra Kirchner estaban mejor. Hoy, el efecto cala, la marcha de la economía y la ausencia de la palabra crisis en el horizonte rompió los puentes de este vector con las mayorías.
   El paso al costado de Reutemann obedeció a una rápida lectura del nuevo escenario que, sin embargo, nadie puede pronosticar que tenga visos de perpetuidad. La muerte de Kirchner le sacó adrenalina al aquí y ahora de la oposición. Cristina quedó en el centro de la escena por cuestiones de estricta y pulimentada lógica. Es ella la que ahora tiene el manejo del control remoto, el centro de la escena, el punto cúlmine de la pirámide. “En el corto plazo, nadie le puede ganar a una viuda”, resaltó con pragmatismo feroz el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba para resumir ese aquí y ahora. Pero claro, le faltó decir que menos le podrá ganar una oposición construida tanto por remilgos como por adoradores de la evanescencia.
   A un año de los comicios, el radicalismo comienza a querer atrapar al histórico fantasma que lo suele condenar al infierno: las internas. El crecimiento que tuvo Ricardo Alfonsín en el andar de 2010 comienza a raspar el techo. El vicepresidente Julio Cobos naufraga por imperio de la permanencia en un lugar incómodo. Perdió la estrella que se posó sobre él por imperio de la resolución 125. Desde lo más alto del poder empresario y mediático, la desesperación por la ausencia de seguridades quiere impulsar el nombre de Ernesto Sanz, presidente de la UCR pero ajeno a cualquier link que lo tenga como referencia en la sociedad.
   La diáspora opositora apenas logra un pequeño brinco de Mauricio Macri, más preocupado por estos días en la derivación frívola de su casamiento que en los vaivenes de la política doméstica. De todos modos, con muy poco (su gestión no muestra demasiados destellos) el poroteo de votos lo muestra arriba de los peronistas federales y a la par de Alfonsín.
   La Coalición Cívica es sólo Elisa Carrió, y esa configuración columpia al espacio según los humores de la jefa pero también de la sociedad. Lilita mixtura voluntad política con rasgos autodestructivos y ese sello marca a fuego los pasos de su agrupación.
   La fotografía a derecha e izquierda del kirchnerismo luce movida, sepia y sin encuadre. El divisionismo percute hasta en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), un conglomerado que se jactaba de ser alternativa a las anquilosadas estructuras del sindicalismo tradicional pero que ahora convive con denuncias de fraude y amenazas de ruptura. A dos meses de las elecciones, nadie sabe quién ganó.
   El sonoro trompis que la diputada Graciela Camaño le propinó a Carlos Kunkel constituyó el arándano del postre para el enjuague opositor. Un despropósito que (más allá de las características perennes de provocador profesional del legislador) debería haber sido condenado con énfasis por el resto de las bancadas. El kirchnerismo logró su cometido de hacer ingresar a los opositores a pelear en el barro, género no apto para cualquiera. Si para hacer política hay que tener el cuero duro y los nervios templados, el cross de derecha de Camaño y el coro de justificaciones muestra que a muchos les faltan esas dos aptitudes.
   En pleno tramo del efecto duelo Cristina dio señales de lo que aparenta ser su final de gestión: mandó a postergar hasta el año que viene el proyecto para repartir ganancias entre empresarios y trabajadores, dispuso el pago de la deuda al Club de París y envió señales de paz y amor en la cena de la Unión Industrial Argentina. Sabe que su flor y nata de cara al 2011 es mantener con rienda corta la marcha de la economía. Para mantener en su redil a los sectores progresistas que se enancaron en el kirchnerismo, Cristina no se desprenderá de gestos y acciones que tanto gustan a los organismos de derechos humanos y encarnan en la militancia juvenil y en los ámbitos de la cultura.
   El antes y el ahora de la oposición y del oficialismo tiene a Santa Fe como espejo. Si hace un año para ganar votos había que mostrar un discurso refractario a todo lo que se emparentaba con el kirchnerismo, hoy, esos mismos protagonistas, tratan de instalar la idea de que no son mal vistos por la Casa Rosada. Reutemann y Roxana Latorre ganaron las elecciones a senador por haberse mostrado aún más duros con Balcarce 50 que los candidatos del Frente Progresista. La legisladora está hoy en la misma sintonía que el gobierno y el Lole se corrió del discurso duro de sus pares del Peronismo Federal. Todo un síntoma del cambio de los tiempos.
   Nadie debería leer la instantánea como si se tratase de una película con final cantado. La política nativa siempre tiene reservados nuevos barquinazos.

ANALISIS POLITICO

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